Cómo llegar a Portsmouth – Mi experiencia en tren

¡Hola, pompeynianos!

En entradas anteriores os hablé grosso modo del transporte en Portsmouth, en especial de la conexión entre aeropuertos y los trenes. Sin embargo, nunca os he llegado a contar con detalle cómo fue mi llegada a la ciudad, sobre todo en lo que al viaje en tren concierne, y es precisamente una de las principales dificultades de las que alerto a los estudiantes que se ponen en contacto conmigo antes de viajar a Portsmouth.

Por ello, en esta entrada os voy a hablar de mi experiencia y os voy a contar una serie de anécdotas que, sin duda, marcaron mi viaje. ¡No os lo podéis perder!

Empecemos por el principio: antes de viajar a Portsmouth, precisamente a la hora de comprar el vuelo, mis compañeras de casa y yo buscamos opciones para desplazarnos desde el aeropuerto hasta la ciudad. En un principio barajamos la posibilidad de coger un autobús, con suerte uno barato como Megabus, pero mirando detenidamente el trayecto y la duración del viaje, acabamos descartando esta opción. La otra opción consistía en coger un tren desde la estación del aeropuerto de Gatwick que, en teoría, nos dejaría en Portsmouth sin necesidad de cambios. Nos pareció una alternativa bastante interesante, puesto que el precio era más barato de lo que pensábamos y nos pareció más cómodo (y definitivamente más rápido) que coger el autobús, así que procedimos a comprar los billetes por separado.

Problema: al parecer no leímos bien las condiciones, en las que se especificaba que si comprábamos los billetes empleando una tarjeta de débito concreta, tendríamos que disponer de la misma tarjeta a la hora de recoger los billetes en la máquina de la estación, en nuestro caso en la del aeropuerto. Por aquel entonces todavía no tenía mi propia tarjeta de débito, por lo que había comprado el billete con la tarjeta de mi padre. Por supuesto, no podía llevarme la tarjeta de mi padre a Inglaterra, así que no tenía manera alguna de recoger el billete en la estación. Cancelé de inmediato la operación y, finalmente, me devolvieron el importe del billete. Una de mis compañeras me hizo el favor de utilizar su tarjeta para comprar mi billete, así que pude solventar el problema, pero el susto no me lo quitó nadie.

Estación de tren del aeropuerto de Gatwick.

Situémonos ahora en el día del viaje: una de mis compañeras de casa y yo, que viajábamos juntas desde Málaga, nos bajamos del avión, pasamos por el control del aeropuerto y recogimos las maletas. Hasta aquí, todo bien. Lo primero que recuerdo es que el aeropuerto de Gatwick es muy grande. Demasiado, incluso. Tiene dos terminales: la Norte y la Sur, conectadas por una lanzadera o shuttle. Nosotras llegamos a la terminal Norte, así que tuvimos que coger la lanzadera para llegar a la terminal Sur, en la que se encuentra la estación de tren. Recorrimos unos cuantos pasillos más y llegamos a la entrada de la estación. A la izquierda se encuentran las máquinas para los billetes, mientras que a la derecha se sitúan un par de tiendas (un puesto de West Cornwall Pasty y un WHSmith, entre otros), todo ello rodeado de asientos en los que esperar a que venga el tren. Y eso fue precisamente lo que hicimos: esperamos a que viniera el tren, al que todavía le quedaban un par de horas, o eso creíamos.

Consejo: cuando compramos los billetes de tren, reservamos la franja horaria que creímos más apropiada, dejando al menos una hora de margen por si el avión llegaba con retraso. Por ello, pensamos que solo podríamos coger el tren con destino a Portsmouth que habíamos reservado. Sin embargo, no sabíamos por entonces que con nuestro billete podríamos habernos montado en cualquier tren de la compañía (en nuestro caso, Southern) con el mismo destino, independientemente de la hora. De esta manera habríamos llegado mucho antes y nos habríamos ahorrado la espera en la estación, por lo que tenedlo en cuenta.

Cuando se acercaba la hora para coger el tren, pasamos nuestro billete por la máquina de la estación y accedimos al andén, que casi siempre suele ser el 7. Nos montamos en el tren y nos dimos cuenta de una peculiaridad: el destino del tren era Portsmouth Harbour y Bognor Regis. Nos pareció raro, pero no cabía duda de que era el tren que habíamos reservado, así que no nos preocupamos por ello. Nos costó subir todas las maletas al tren, y en un principio no teníamos sitio ni para dejarlas ni para sentarnos, así que tuvimos que pasar como pudimos por los estrechos pasillos del vagón para poder buscar sitio.

Problema: el destino del tren ya nos daba una pista de lo que iba a pasar, así como los letreros en el vagón, pero nos dimos cuenta tarde. Los trenes de Southern que van desde Londres hasta Portsmouth tienen la particularidad de dividirse en otra ciudad, Horsham, para poder abarcar así dos destinos. Lo diré de otra manera: los primeros cuatro vagones del tren van a Portsmouth Harbour, mientras que los cuatro últimos se dirigen a la ciudad de Bognor Regis tras la división del tren en Horsham. ¿Dónde creéis que íbamos nosotras? Efectivamente: en los cuatro últimos. ¿Dónde nos dimos cuenta? En Horsham. Rápidamente agarramos nuestras maletas como pudimos, nos bajamos del tren e intentamos llegar lo antes posible a cualquiera de los cuatro primeros vagones. Fue un gran esfuerzo y una situación bastante estresante, puesto que no sabíamos ni dónde estábamos, pero tuvimos la suerte de reaccionar a tiempo y poder montarnos de nuevo en el tren, esta vez en el vagón correcto.

El transcurso del resto del viaje fue más relajado. Pudimos sentarnos cerca de donde habíamos dejado las maletas para poder vigilarlas mejor y tuvimos ocasión de apuntar el nombre de varias ciudades bastante bonitas que íbamos observando desde la ventana, entre las que destaca Arundel, de las que os hablaré próximamente. 🙂

Problema: Nos bajamos en la estación de Fratton, tal y como teníamos previsto, y nos topamos con la última «pega» de nuestro viaje, pero para entenderlo primero tenemos que saber varias cosas. En primer lugar, cómo es la estación de Fratton: es una estación muy sencilla que consta de tres andenes prácticamente al aire libre, como la mayoría de estaciones del país. Hay una especie de puente que conecta el primer andén con el resto, para lo cual es necesario subir a la segunda planta, ya sea en ascensor o subiendo las escaleras. Asimismo, la estación cuenta con dos salidas: una de ellas en la primera planta, que nos conduce al barrio de Fratton; la otra, en la segunda planta, que nos lleva a Goldsmith Avenue. Pongámonos en situación: recién llegadas en Portsmouth, cargando varias maletas cada una (grandes y pequeñas) y sin tener ni idea de cómo salir de la estación y llegar a nuestra casa. Sabíamos que teníamos que salir por Goldsmith Avenue, pero para poder acceder a dicha salida no había ningún ascensor, lo cual significaba que teníamos que subir las maletas una a una por unas escaleras bastante estrechas. ¡Ah! Y bajarlas después para llegar a la avenida. Lo que hicimos, aunque no nos gustó nada, fue salir por la primera planta, rodear la estación entera y, finalmente, llegar a Goldsmith Avenue. Para que os hagáis una idea he trazado el recorrido en este mapa:

En definitiva, fue un viaje lleno de sobresaltos y dificultades… ¿pero y todo lo que aprendimos? Espero que mi experiencia os pueda ser de ayuda o por lo menos os haya alertado de las complicaciones que podéis encontrar en el viaje en tren a Portsmouth. Una vez sabidas, todo es pan comido. 🙂

¡Hasta la próxima entrada!

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